En tiempo de pandemia

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El mundo global, una realidad que nos organiza como sociedades, es hoy el escenario de una peste del siglo XXI que está destrozando creencias, hábitos y formas de concebir nuestra convivencia. Lo que no ha podido el descontento de millones de habitantes del planeta con la desigualdad y la acumulación de riqueza escandalosa; con la contaminación ambiental y el cambio climático; con la situación de los olvidados y olvidadas de siempre, migrantes pobres, mujeres, niñas y niños, estos últimos que fallecen de hambre todo los días en cifras mucho más alarmantes que la pandemia (según cifras de UNICEF difundidas en un spot televisivo protagonizado por Lionel Messi, alcanza la escalofriante cifra de 19 mil niñas y niños que mueren diariamente de hambre y enfermedades perfectamente curables) pero que sin embargo se encuentran lejos, en áreas oscurecidas al foco del noticiario o del político que quiere tener un minuto de fama; con la crisis de los sistemas de representación política y el auge de populismos nacionalistas de ultraderecha, que cada día adoptan medidas más autoritarias y proteccionistas, incluso algunos de ellos afirmando que la muerte es inevitable para todos, en fin….larga serie de eventos, a los que las guerras civiles como la de Siria o Yemen sólo le dan un toque más trágico todavía.

Estamos asustados, encerrados, sin poder socializar más que en formato digital; estamos de rodillas como humanidad ante un ente limítrofe entre la vida y lo inerte, una forma parasitaria de supervivencia que resiste condiciones adversas y se multiplica con velocidad impresionante. Ese minúsculo ente tiene al mundo atónito, a las autoridades hoy – antes ágiles y atentas a los cambios de humor del «mercado» – impotentes y desesperadas, tomando decisiones sobre hipótesis que se revelan castillos de naipes, que se derrumban al menor soplido, a los servicios de sanidad saturados, agotados y reclamando falta de recursos, impotentes de salvar la vida de aquellos que como Bregman apunta en su texto «Utopía para realistas» gozan de sobrevida debido a los innegables progresos que la ciencia y la medicina han instalado en nuestras sociedades. Y, lo que resulta más llamativo aún, es observar a los sacerdotes del mercado y sus adoradores ciegos, sordos y mudos cuando de repartición de ganancias se trata, hoy clamando cual vírgenes abandonadas, por el rescate de parte del que ayer denostaban y negaban: El Estado.

Hoy es tiempo de quercum, de reflexionar juntos y de difundirlas para no repetir/corregir lo que este virus ha dejado en evidencia: Nuestras instituciones económicas fundadas en un modelo de ganancia rápida y desconsiderada con el hábitat y la vida; nuestra democracia en riesgo por la emergencia de caudillos populistas y autoritarios, por tendencias centralistas que desprecian el papel de los niveles inferiores de la administración estatal y las particularidades de cada territorio (el ninguneo de los servicios de atención primaria en Chile ha sido realmente infamante); es tiempo de acumular energías para impulsar cambios sustantivos al pacto social y a reconstruir una sociedad más horizontal, más solidaria, más participativa y más transparente……aunque parezca una tontería, en tiempos de distopía es bueno tener Utopías….

Luis Marín Salazar

Sociólogo – U. de Chile

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