La necesidad de repensar la educación financiera en Pandemia. Por Guido Asencio, Waldo García, Luis Marín y Roberto Jijena

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En la actualidad, la forma en que se manejan las finanzas conlleva una reflexión necesaria para resguardar la integridad personal y familiar de las personas, más aún con la presencia de una crisis pandémica que no se sabe cuándo terminará. En este adverso escenario resulta fundamental tomar decisiones acertadas que distingan entre necesidad y deseo, pues lo primero es lo que debiera prevalecer en situaciones de crisis, para separar esto desde lo urgente a lo importante. Disminuir los niveles de incertidumbre y ansiedad constituye una fuerte señal para disponerse a realizar una planificación de lo que se quiere hacer, teniendo en cuenta la necesidad de establecer cánones educativos para anticipar decisiones que repercuten en el presupuesto familiar y círculo más cercano, tanto de las personas como de las empresas.

En tanto, vemos que últimamente existe bastante interés público por conocer con mayor profundidad ¿cómo funciona el sistema financiero?, lo cual se conecta con la pandemia y la urgencia de encontrar alternativas para tomar la mejor decisión, en esto la tecnología ha jugado un rol fundamental que tiene connotaciones positivas en el ámbito de facilitar el acceso a la información, la automatización de funciones, realización de las transferencias, ver en línea información, entre otras, pero al mismo tiempo, conlleva peligros de fraude, muchos auguran que la inteligencia de delictual en términos de tecnología incluso está más avanzada que la de las propias instituciones financieras, las cuales no han invertido lo suficiente para resguardar los fondos de las personas y empresas, cobrando seguros adicionales para esta garantía, lo cual resulta irrisorio, considerando que ya cobran comisión por el uso del dinero.

Por su parte, la educación financiera, ha demostrado ser insuficiente, independientemente que se encuentra de manera explícita en la mayoría de las agendas de los políticos, instituciones financieras, cooperativas de ahorro y crédito, asociaciones de consumidores, público en general e incluso en los programas educativos de enseñanza media, lo cual da una buena señal de que existe una problemática que abordar, pero ciertamente falta mucho para alcanzar mejoras que finalmente repercuten en la calidad de vida de las personas.

En Chile el acceso a los servicios financieros se ha masificado en los últimos años, generando las condiciones necesarias para que personas con limitados niveles de ingreso y educación puedan acceder a una amplia gama de instrumentos financieros. Sin embargo, este tipo de prestaciones contiene, muchas veces, información difícil de interpretar, lo cual lleva a justificar el por qué es tan importante educar a las personas en éste ámbito, además existen muchos otros temas relacionados con buscar la mejor forma distribuir el dinero, tomando relevancia la teoría clásica financiera que centra su atención en tres tipos de decisiones, denominadas de inversión, financiamiento o distribución, que para el caso de las personas la de distribución no aplica, debido a que se refiere al pago explícito que se le hace a los dueños de una empresa.

Pensar en inversión es pensar en retornos, para la personas es difícil elegir entre tantas alternativas, en una mirada conservadora que se requiere cuando existen crisis económicas como la actual, lo recomendado es ser prudente, lo que implica considerar la alternativas que permiten tenerlo en lugar donde no existen muchas tentaciones para gastarlo en cualquier cosa, por ejemplo al tomar depósitos a plazo en un banco, ahora la inversión de fondos mutuos y acciones en empresas para los tiempos en que existe incertidumbre, no es recomendable realizarlo porque se estaría actuando sobre la base de fluctuaciones que perjudican en el largo plazo la cantidad de lo invertido. En el caso de realizar pago de dudas puede ser una opción válida para evitar acumulación de la misma, en este caso una crítica necesaria es recordar en una crisis económica tan grande como esta, donde aumenta el desempleo, bajan las ventas, en definitiva, disminuyen todos los ingresos, las instituciones financieras no se detienen en el cobro. Ahora bien, en el evento de que no se tome ninguna de las dos decisiones, lo que se produce es una capitalización que básicamente es la acumulación del dinero, que se puede ocupar para futuras eventualidades, es decir una no hacer nada es también una decisión, lo importante es tener las cartas sobre la mesa.

Por otra parte, hay que comprender que el atractivo de las ofertas de liquidación podría convertirse en un mal vicio para nuestras finanzas, debido a que existen personas que creen que, por comprar a precios más bajos, van a ahorrar y ganar dinero, pero en realidad la compra de esa modalidad obedece a un impulso que está más arraigado a un deseo que a una verdadera necesidad. Es cierto que algunas ofertas ayudan a adquirir productos o servicios más baratos, pero hay que ser moderados y centrarse en lo que realmente se requiere, pues si compramos todas las ofertas que existen finalmente podríamos comprometer nuestro presupuesto personal y familiar comprando productos que probablemente nunca se use.

En esta materia el Banco Central realiza desde hace algunos años una encuesta financiera a nivel de hogares, la cual da señales que orientan a concluir que las personas conocen generalmente información respecto a la cuota mensual que deben pagar y cuál es el plazo en que deben cumplir sus compromisos. Pero poco o nada se tiene conocimiento acerca de la tasa de interés efectiva que deben pagar, la cual corresponde a la tasa real que se cancela dependiendo de su comportamiento de pago. Y del costo de administración financiera que irroga el crédito, en cualquiera de sus versiones, y que según un estudio del SERNAC debe ser considerado como parte de” los intereses” que la institución financiera cobra por el servicio, así como costos ineludibles que deben ser cancelados por el/la receptor/a del crédito.

Por este motivo, surge un gran desafío para la educación financiera, considerando que es necesario estar consciente de todas las aristas que llevan a efectuar una buena negociación con la institución financiera, para tomar decisiones acertadas, reduciendo de esta forma la probabilidad de fracaso en materia de cumplimiento de compromisos, que van quedando en el historial financiero de cada persona. En este caso resulta preponderante considerar que la información que manejan las personas debe ser en todo momento transparente para equilibrar la cancha, si bien es cierto, se ha eliminado la letra chica, las instituciones financieras han desarrollado documentos con una forma de letra con poca puntuación y extensos para que las personas se desincentiven en leer, para reemplazar estas prácticas es necesario entender que para demostrar confianza se debe simplificar la forma de mostrar la información a las personas.

En concreto, la forma de abordar la educación financiera para las personas y empresas, refleja el vacío que existe en el modelo económico actual por centrar su mirada en las personas, desde su creación ha estado centrado en vender de manera desenfrenada sus productos financieros, sin entregar una educación adecuada para tomar conciencia de lo que significa endeudarse, y por lo tanto, comprometer el presupuesto y calidad de vida familiar, lo que si ha estado presente dos conceptos una “educación para el trabajo” o una para “endeudarse”, sin generar una cultura del ¿para qué hacerlo?

Una mirada a los sistemas económicos de los pueblos originarios, la que desde Chile Luis Razzeto bautizó en los 70’ como economía social solidaria, nos llevaría a decir que lo que hoy resulta fundamental impulsar una educación para las economías colaborativas, de la optimización del esfuerzo colectivo, en esto es posible avanzar hacia una “Economía Colaborativa”, tan necesaria en nuestros tiempos. En estos casos, el concepto de “inversión” se relaciona con disponer de lo que cada persona tiene para la comunidad y las “utilidades”, con la capacidad de satisfacer las necesidades de la misma comunidad. El intercambio de especies valoradas, como se describe al trueque, en que la persona se levanta y busca un elemento de un valor asignado por el mercado para intercambiarlo por otro de valor similar, requiere de un ejercicio que no es deseable sino provocador de la derrota cultural que cambia el paradigma actual, puesto que finalmente lleva al dinero como un fin y no como un medio.

Más cercano en el Trafkintu (Mapuche), la persona se levanta y agradece a la Pacha Mama y piensa en otra persona que necesite lo que se le ha regalado, tomando lo que necesite, o el Chahalaka (Aymara), fundada en la retribución, que implica que cuando hay ceremonia, la persona se levanta y agradece a la Tierra y le retribuye, escogiendo uno de los regalos de ella para ofrendárselo. Ella recoge del ofertorio otro regalo, ejemplos como estos de la educación financiera son los que ameritan ser incorporados en la nueva normalidad esperada.

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